CRÍTICA

Foto: Patricia Torres Maya  

“Aporta una delicada femineidad, hecha con imágenes que no son fenoménicas, sino presentimientos románticos, ensueñas sugeridores. En sus objetos-pinturas trata de entregar sugestión y misterio”.

Raquel Tibol, 1961, México.
“La refinada pericia de sus texturas imprime a composiciones de temas intencionadamente simples, una sugestividad poética que ya la afirman como pintora de muy alto nivel”.

Margarita Nelken, 1966, México.
“La pintura de Silvia H. González es, esencialmente pintura, hecha de alianzas y tonos degradantes hasta que las formas se les desintegran en las manos…..pero en su pintura no hay cortes, no hay rupturas ni desviaciones; está hecha de una larga coherencia que viene desde muy hondo y que consiste en su fidelidad a la pintura.”

Alaide Foppa, 1975, México
“Silvia H. González no improvisa y su dominio del oficio está afuera de discusión. Aún más: cada tela parece estar trabajada lentamente, amorosamente, como si fuese a constituir la obra única, el parto decisivo de la artista.”

Teresa del Conde, 1975, México.
“Los mundos creados por Silvia H. González, están dotados de una vida intensa. Reciedumbre avasalladora de la pincelada y la consiguiente urdimbre de ricas texturas, ritmos de las relaciones formales, espíritu refinado de gran sensibilidad… Se siente la presencia del instinto creador que viene de lo más profundo y se plasma en motivos dominantes, arrebatadores”.

Jorge Juan Crespo de la Serna, 1975, México.
“Estas pinturas arenosas, tejidas, cortadas ásperamente, tendidas en fogosos anaranjados y ardientes rojos humeantes, generosamente untadas con grises cenicientos, están todas en el proceso de algún devenir cósmico. Silvia H. González se mantiene siempre, triunfalmente, fiel a sí misma”.

Toby Joysmith, 1975, México.
“Su quehacer, meditado y profundo, se contrapone a la improvisación y los alardes impulsivos que no pocas veces encontramos en obras que pueden interesar de momento, pero que no resisten el paso del tiempo. Las pinturas de Silvia H. González, están hechas para perdurar y no para provocar reacciones momentáneas”.

Teresa del Conde, 1978, México.
“Nobleza y dignidad del oficio que de manos diestras y sensibles sale transformado el espíritu; la pureza del lenguaje que transmuta en poesía lo que pudo quedar tan sólo en un trazo, surco, relieve o trama…..Incita al júbilo como Silvia juega con las formas, las despoja de su apariencia exterior, las reencarna en nuevas formas y las imbrica en una estructura de incesante y vital dinamismo.”

Antonio Rodríguez, 1981, México
“Artista muy dominadora de la forma y sobretodo de su significado. Silvia H. González descuella por su honradez y por su aliento buscador de trascendencias.”

Salvador Reyes Nevares, 1986, México
“Muchas veces citamos a Leonardo, que amó los viejos muros. Pasado el tiempo, los amó también Silvia, y amó la olla de terracota tiznada por el fuego, y los veleros de un mar mineral, marcado por la herrumbre de esa niebla que llamamos memoria. Años después entraron rostros en su obra. Creo que vienen de una pared antigua en una isla griega. Llegaron en un velero, y hechos de sal mediterránea, quisieron nacer de nuevo de la mano de Silvia.

Ricardo Lindo, 1988, San Salvador
“Silvia H. González es una pintora a quien el público y la crítica han consagrado su merecida atención”. “En ella se conjugan la imaginación y el perfecto dominio de lo que constituye el lenguaje del artista pictórico: el dibujo, el color y la sabiduría arquitectónica para construir, con todo ello, un conjunto armónico bien estructurado”.

Antonio Rodríguez, 1990, México.
“…ha sabido concretar los contornos, curvar las líneas, así como anudar y soltar los movimientos con la continua preocupación de un estilo en esencia unitario. De este modo, invariablemente, su universo queda reconstruido desde el interior para comunicar la idea de un mundo poético y coherente, que renueva la esperanza”.

Berta Tarracena, 1990, México.
“Pocos artistas resultan tan elocuentes para transmitir la emoción de una máquina como Silvia H. González. El ferrocarril, símbolo de la era industrial se convierte en sus pinturas en despliegue cromático de formas animadas, lugar de experiencias y medio de transporte que cambió la visión del mundo. Desde la forma en que se experimenta la realidad hasta la forma de simbolizar nuestros sueños, la máquina del ferrocarril trastocó a la cultura y al hombre”.

José Manuel Springer, 2004, México
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